Categoría: Fotohistorias

  • VIDEO. Billar La Dalia: 90 años de oro

    VIDEO. Billar La Dalia: 90 años de oro

    Introducción: El aroma del ayer

    El aire en la esquina de la Cuarta Avenida Norte y la Segunda Calle Oriente es denso, cargado de una mezcla nostálgica de tiza seca, café de talega y el eco sordo de las bolas de marfil chocando entre sí. Al cruzar el umbral del edificio construido en 1885, el bullicio del tráfico capitalino se disuelve para dar paso a una atmósfera de penumbra elegante, donde el tiempo parece haberse detenido en una carambola eterna. Aquí, el crujido de las gradas de caracol y el rítmico deslizar de los tacos sobre el paño verde narran la historia de un San Salvador que se resiste a morir.

    Crónica de un Casino de Lujo: Entre Estrellas y Coroneles

    Durante la década de los cincuenta, La Dalia no era solo un salón de juegos; era el epicentro de la sofisticación centroamericana. Mientras el Hotel Astoria alojaba a la realeza del cine de oro mexicano, personajes de la talla de Pedro Infante, Jorge Negrete y Miguel Aceves Mejía escapaban de sus habitaciones para buscar refugio en este casino de lujo. Entre el humo de los puros y el tintineo de los tragos, no era raro ver al Coronel Osorio, entonces Presidente de la República, compartiendo el espacio con figuras del humor nacional como el entrañable Aniceto Porsisoca o leyendas del fútbol como el «Tuco» Alfaro.

    La mística del juego y la «Chabacanada»

    Hoy, bajo la mirada eterna de cuadros clásicos donde perros y gatos se disputan una partida de cartas, el billar sobrevive como un refugio de democratización social. En sus mesas convergen curas, pastores, obreros y «bolos» redimidos que, por un par de dólares la hora, compran el derecho a la amistad. Aunque las leyendas urbanas susurran historias crudas de hombres que, en una noche de mala suerte, apostaron desde las escrituras de sus casas hasta a sus propias mujeres, el ambiente actual respira una cordialidad vibrante sazonada con la clásica «chabacanada» salvadoreña y esas frases de doble sentido que son el alma del lugar.

    Valor de Archivo

    Esta serie fotográfica representa una pieza documental única, capturada por el lente de Francisco Campos. Es un registro histórico recuperado que inmortaliza el espíritu de un inmueble que albergó tiendas exclusivas y el primer ascensor del país, sobreviviendo a los terremotos y al olvido. Poseer una de estas impresiones es resguardar un fragmento del ADN de la identidad nacional.

  • Una foto millonaria de Francisco Campos, 1992

    Una foto millonaria de Francisco Campos, 1992

    El 16 de enero de 1992, el aire en el centro de San Salvador no solo arrastraba el polvo de las construcciones inconclusas, sino un suspiro colectivo contenido por doce años. Había un olor a sudor de pueblo, a pólvora vieja que se disipaba y a una euforia que solo conocen quienes han visto la muerte de cerca. En la Plaza Gerardo Barrios, entre el ruido de las consignas y el aleteo de las palomas, Francisco «Chico» Campos, un hombre que cambió un sueldo seguro por el hambre y la gloria del fotoperiodismo, buscaba el encuadre perfecto mientras el tiempo se le escurría entre los dedos.

    El Milagro del Cuarto Oscuro y el Error que fue Gloria

    La historia de esta «pieza documental única» comenzó con un desastre. Chico Campos, presionado por los cierres de edición de las agencias en Europa, cometió un error humano propio de la fatiga: en la penumbra del cuarto oscuro, metió sus negativos directamente al fijador sin revelarlos primero. Los rollos con la cobertura matutina se desintegraron. Con el cronómetro en contra y el corazón en la garganta, regresó a la plaza a las 11:00 AM para empezar de cero. Lo que parecía una tragedia profesional se convirtió en el preámbulo de un «testimonio invaluable».

    Francisco Campos y El Vuelo de las Palomas de Castilla

    Al volver a la plaza, se encontró con un acto ecuménico. Se subió a la tarima, cerca de unas muchachas vestidas de blanco que danzaban con canastos. Chico notó que su película iba por el cuadro 26. Decidió no cambiar el rollo y esperar el final de la danza. Cuando las mujeres levantaron las manos y las palomas —grises, de castilla, no blancas como reza el mito— emprendieron el vuelo, disparó sus últimos cuadros. Solo uno de ellos capturó el instante preciso. Esa imagen, un «registro histórico recuperado» del caos, se convirtió al día siguiente en la portada de The New York Times y Washington Post.

    La Metáfora de una Catedral en Escombros

    La fuerza de la imagen reside en su crudeza. Detrás de las mujeres, se erige el esqueleto de concreto de la Catedral Metropolitana, sin cúpulas ni adornos, reflejo fiel de un país quebrado que intentaba ponerse de pie. Entre la multitud se mezclaban los combatientes con sus uniformes verde olivo, «muchachas» de barrios humildes y «bolos» que celebraban que ya no habría más fuego cruzado. Aunque el fotógrafo nunca recibió un centavo por las miles de reproducciones políticas de su obra, su disparo inmortalizó el sentimiento de una nación.

    San Salvador, 1992. Dos mujeres liberan palomas frente a una Catedral en ruinas, marcando el fin de la guerra civil. Foto: Francisco Campos.
    San Salvador, 1992. Dos mujeres liberan palomas frente a una Catedral en ruinas, marcando el fin de la guerra civil. Foto: Francisco Campos.

    La historia de la fotografía se puede leer en los siguientes enlaces. 

  • Ritmo y polvo en las pistas del Centro (1950-2024)

    Ritmo y polvo en las pistas del Centro (1950-2024)

    El centro de San Salvador siempre ha olido a una mezcla de café caliente, combustible quemado y ese perfume barato que se evapora con el sudor de la jornada. En las noches de San Salvador, el eco de una trompeta era capaz de silenciar el estruendo de los buses. Desde los salones de alcurnia venidos a menos hasta los ladrillos calientes de la Plaza Libertad, el baile no ha sido un lujo, sino un rito de sobrevivencia para el salvadoreño que, entre cumbia y trago, sacude las penas del cuerpo.

    De la Elegancia de La Concordia al Sudor de «Los Meseros»

    La historia del ritmo en la capital tiene sus cimientos en la Cuesta del Palo Verde. El edificio de La Concordia, esa joya de principios del siglo XX que aún desafía al tiempo en la 4.ª Avenida Norte, fue el epicentro donde los abuelos lustraban el piso con elegancia. Pero el pueblo también buscaba lo crudo: tugurios y salones como «La Discoteca Buenos Aires», el mítico «Sancocho» y «Los Meseros» se llenaban de obreros, muchachas de la vida alegre y bolos que, a pesar del guaro, nunca perdían el paso. Era un San Salvador de luz tenue en el Bar Lutecia y billares en La Dalia, donde la música era el único lenguaje democrático.

    El Asalto a las Plazas del Centro: Del San José a la Libertad

    Con el nuevo milenio, el baile rompió las paredes. En 2011, tras el desalojo de los puestos de tortas en el Parque San José, la Orquesta Metropolitana tomó el relevo, poniendo a bailar a los viejitos que se resistían al olvido. Sin embargo, fue en la Plaza Libertad donde el fenómeno estalló. Para 2020, el lugar se convirtió en un «testimonio invaluable» de la cultura popular urbana. Tres o cuatro orquestas se batían a duelo de cumbias y tangos, mientras una marea de gente de todas las edades convertía el cemento en una pista de colección.

    El Museo Digital de los «Hermanos Lejanos»

    Lo que inició como una reunión de barrio terminó en el satélite. Los bailes se transformaron en un «registro histórico recuperado» por los móviles de los youtubers. Hoy, la nostalgia de los salvadoreños en Estados Unidos financia la fiesta; envían dólares y flores a sus bailarines favoritos a cambio de un saludo que cruza la frontera. Aunque las ordenanzas municipales han silenciado las plazas, el espíritu del «cumbión» persiste como una «pieza documental única» de nuestra identidad, grabada en la memoria de quienes aún buscan un rincón para tirar el paso.

    Valor de Archivo:

    Esta crónica rescata la memoria sonora de una capital que se niega a dejar de moverse. Las imágenes de estos bailes representan el alma indomable de un pueblo que encuentra en la danza su mayor acto de libertad.

  • «A cielo abierto», DOLOR y resiliencia, TERREMOTO de 2001

    «A cielo abierto», DOLOR y resiliencia, TERREMOTO de 2001

    Las fotos que conmocionaron al mundo tras los terremotos de enero y febrero de 2001 no solo documentaron la destrucción, sino también la solidaridad y el espíritu indomable de los salvadoreños. Un grupo de fotoperiodistas, entre ellos Raúl Otero, Francisco Campos, Sebastián Alejo y Paolo Luers, recorrió el país durante semanas, capturando en carretes de 35 mm el rostro de una nación herida pero unida.

    ¿Cómo nació la exposición «A Cielo Abierto»?

    Entre viajes a zonas devastadas como Berlín, Cangrejera, La Libertad y San Julián, los fotógrafos editaron decenas de rollos para crear una exposición que no solo mostraba el desastre, sino que también recaudó fondos para reconstruir comunidades, como un pequeño pueblo en Usulután. La exposición se convirtió en un testimonio visual de la tragedia y un homenaje a la resistencia de los afectados.

    Nota relacionada: UN TERREMOTO, LA PRUEBA DE FUEGO

    «Sin Raúl Otero, nunca hubiéramos terminado la exposición», escribió Paolo Luers años después.

    Otero, quien falleció en 2015 tras una batalla contra el cáncer, fue el motor detrás de este proyecto que trascendió fronteras. Las imágenes, publicadas en La Prensa Gráfica y otros medios, recordaron al mundo la vulnerabilidad de Centroamérica ante los fenómenos naturales y la importancia de la preparación y la memoria colectiva.

    ¿Qué legado dejó este trabajo fotoperiodístico?

    Más que un archivo histórico, «A Cielo Abierto» fue un acto de amor por El Salvador. Las fotos no solo mostraron escombros y lágrimas, sino también manos que ayudaban, rostros que no perdían la esperanza y comunidades que se levantaban juntas. Hoy, 25 años después, estas imágenes siguen siendo un recordatorio de que la solidaridad puede surgir incluso en medio del caos.

  • San Simón y San Judas Tadeo: fe y tradición que unen a salvadoreños

    San Simón y San Judas Tadeo: fe y tradición que unen a salvadoreños

    Cada 28 de octubre, El Salvador se viste de fe y color para celebrar a dos figuras veneradas: San Simón el Zelote y San Judas Tadeo. Esta fecha no solo marca el santoral católico, sino que refleja la riqueza cultural y espiritual del país, donde la devoción se entrelaza con tradiciones ancestrales y expresiones populares.


    San Judas Tadeo, conocido como el «patrón de las causas perdidas», es uno de los santos más queridos por los cristianos. Su popularidad trasciende fronteras, gracias a los milagros que sus devotos atribuyen a su intercesión. Muchos creen que su cercanía con Jesús —según la tradición, eran primos— le otorga un poder especial para ayudar en situaciones desesperadas. Su imagen incluso ha llegado al cine, consolidando su lugar en la cultura global.


    La devoción a San Simón: entre lo sagrado y lo popular


    San Simón, también llamado Maximón, Machimón o Monchito, es una figura única. Su origen se remonta a la época colonial y está profundamente ligado a las comunidades indígenas de Guatemala y El Salvador. La leyenda lo describe como un hombre bondadoso que protegía a los pobres, y tras su muerte, fue elevado a santo por sus seguidores. En El Salvador, su culto es vibrante: los fieles le rinden homenaje con velas, ofrendas florales, bailes, música y hasta licor, especialmente en santuarios como Cuyultitán, San Vicente y San Miguelito.


    La celebración de ambos santos es un ejemplo vivo de la libertad de cultos que garantiza la Constitución salvadoreña. Mientras San Judas atrae a quienes buscan esperanza, San Simón convoca a multitudes que honran su memoria con alegría y devoción. Un símbolo de esta fe es el templo de San Simón en San Miguelito, cuya construcción —prevista para inaugurarse entre 2025 y 2026— promete ser el más grande y lujoso del país.


    Estas festividades no solo fortalecen la identidad religiosa, sino que también celebran la diversidad cultural de El Salvador. Cada 28 de octubre, las calles se llenan de color, música y gratitud, recordando que la fe puede tomar muchas formas, pero siempre une a las personas.

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  • LA MUJERES EN LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

    LA MUJERES EN LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

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    La detección precoz del cáncer de mama o cáncer de seno es muy importante para la supervivencia de la mujer. Con este fin, miles de mujeres en el mundo celebran cada 19 de octubre el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, haciendo un llamado a las mujeres para que tomen conciencia y se realicen mensualmente un autoexamen. Para las mujeres mayores de 40 años, la mamografía es un examen imprescindible, ya que el riesgo aumenta a partir de esa edad.

    La OMS asegura que el cáncer de mama es el cáncer más frecuente en las mujeres tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, aunque asegura que la enfermedad está aumentando en los países en desarrollo, donde la mayoría de los casos se diagnostica en fases avanzadas. Por esto es muy importante que la mujer salvadoreña, como las que aceptaron posar para este reportaje, conozca los síntomas y los factores de riesgo.

    Por eso les pedimos a las mujeres que posaron con un sostén rosa y que enviaran un mensaje para la prevención y erradicación de esta enfermedad.

    En esto coincidieron: todas están contra el cáncer y piden realizarse un autoexamen o visitar a un especialista una vez al año.

    Cada 19 de octubre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama y muchas organizaciones de mujeres realizan actividades de sensibilización del público. Conocer los síntomas y las posibles recomendaciones para evitarlo o detectarlo en forma precoz puede ayudar a una mujer a salvar su vida.

  • MUJERES salvadoreñas de PLAN y LADERA (1980-2024)

    MUJERES salvadoreñas de PLAN y LADERA (1980-2024)

    El aire en el campo salvadoreño siempre ha olido a leña húmeda, a tierra removida por el azadón y al aroma dulzón del maíz tierno. En los senderos de polvo blanco del plan y en las pendientes escarpadas de la ladera, el eco de la vida no lo marcan los relojes, sino el golpe seco del hacha y el rítmico palmear de las tortillas al amanecer. Aquí, el silencio del monte solo se interrumpe por el cacareo de las aves de corral y el murmullo de las muchachas que bajan al río, cargando el agua y la esperanza sobre sus hombros curtidos por el sol.

    La fuerza silenciosa de la tierra

    La mujer rural en El Salvador no solo habita el paisaje; lo construye. Desde las décadas más crudas del conflicto hasta la actualidad, ellas han sido el pilar de una supervivencia que parece milagrosa. Son mujeres «de plan y ladera», un término popular que define a quienes están curtidas para el trabajo fuerte, sin miedos ni treguas. Mientras los hombres a menudo faltaban por la guerra o la migración, ellas se quedaron criando ganado, educando a los hijos entre los surcos y arrancándole el sustento a una tierra que a veces se muestra esquiva.

    Mujeres: Cotidianidad y supervivencia

    En el archivo de Francisco Campos, la cámara deja de ser un objeto técnico para convertirse en un confidente. Captura la esencia de la mujer de hogar que, además de las tareas domésticas, asume el rol de protectora de la seguridad alimentaria. No hay descanso en la montaña: cocinar, buscar la leña y enfrentarse a la pobreza con la dignidad intacta son actos de resistencia diaria. Este registro nos muestra a la campesina con su delantal de encajes, pero también a la trabajadora que se ensucia las manos para que el hambre no entre por la puerta.

    Esta es una pieza documental única, un testimonio invaluable de aquellas que la historia oficial suele olvidar. El ojo de Campos ha logrado rescatar este registro histórico recuperado, elevando la figura de la mujer rural a la categoría de heroína anónima del desarrollo agrícola nacional. Poseer una de estas impresiones de colección es resguardar un fragmento de la identidad más pura de nuestro pueblo.


    Francisco Campos y la fotografía de los Acuerdos de Paz

    Este video es relevante presenta una entrevista directa con el autor, Francisco Campos, donde explica su trayectoria documentando la realidad social y los momentos históricos más profundos de El Salvador.

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  • UN TERREMOTO, LA PRUEBA DE FUEGO

    UN TERREMOTO, LA PRUEBA DE FUEGO

    Coloqué la maleta sobre un escritorio cuando se escuchó la explosión seguida de un retumbo y la tierra comenzó a bailar. Por instinto, tomé la maleta de nuevo. En un primer momento, pensé que nos habían puesto una bomba; los atentados estaban a la orden del día en aquellos años. Abrí la puerta de acero de unos 10 centímetros de grosor (por lo de los atentados) y salí a la calle.

    Eran las 11:50 de la mañana y un fuerte terremoto de 7.5 grados había sacudido San Salvador. Estaba afuera de La Radio Sonora en La Colonia Médica, a donde trabajaba como reportero. También era fotógrafo de El Diario El Mundo y, desde el 1 de octubre, era el fotógrafo asistente de la Agencia Francesa de Prensa (AFP).

    SAN ESTEBAN, LOS RECUERDOS DE UN TEMPLO PERDIDO

    Monté mi moto Vespa de 90 cc y comencé a hacer una gira por la ciudad devastada por el sismo. Llegué al centro de la ciudad y me encontré frente a los restos del Edificio Rubén Darío; las cinco plantas solo eran un montón de escombros, cascotes, humo, polvo y hierros retorcidos. Se escuchaban los gritos de auxilio y el ulular de las sirenas por todas partes. Subí a lo alto de lo que alguna vez fue la quinta planta y vi a los atrapados. Tomé un par de fotos, les prometí buscar ayuda y regresé sobre mis pasos para buscar otras imágenes de la catástrofe. Había muertos y heridos por todos lados. En San Jacinto, solo en la escuela Santa Catalina, había 42 niñas muertas, sepultadas por las paredes de bahareque a la hora en que esperaban a sus padres para regresar a casa. Muchas viviendas de La Colonia Santa Marta quedaron sepultadas en cuestión de segundos.

    A media tarde, me encontré con Iván Montesinos, el corresponsal de la AFP en El Salvador. Le entregué unos rollos y él se dirigió al Aeropuerto Internacional El Salvador, donde convenció a los de TACA-Rapidito para que le llevaran una docena de rollos a la oficina de Honduras con claras indicaciones de revelar y transmitir a la central de la AFP. Eso nos dio la oportunidad de ir con más de 24 horas de adelanto de las otras agencias mundiales radicadas en El Salvador, AP y REUTER, cuyos fotógrafos se debatían entre entrar a trabajar o no al Hotel Camino Real, además de que no había electricidad ni agua para los revelados. Los corresponsales, entre ellos Montesinos, viajaron a Guatemala al día siguiente para transmitir fotografías.

    Aquel terremoto fue mi prueba de fuego en la AFP. Pasamos muchos días reportando y transmitiendo fotos de las historias después de la catástrefe, historias humanas que contaban la tragedia de un pueblo que, además, sufría los efectos de un conflicto armado que ya llevaba seis largos años con miles de muertos y desaparecidos. El terremoto destruyó la capital y sus alrededores. “La cifra de muertos fue de 3500 y 200.000 damnificados y 20 000 heridos, según el historiador Thomas Anderson, en su libro Politics of Central America, 1988. También hubo muchos edificios destruidos y 288 679 casas totalmente destruidas y 108 226 casas resultaron dañadas; el terremoto destruyó el 80% de la ciudad”.  

    En medio de todo el trabajo fotográfico, busqué a Los Comandos de Salvamento para que fueran a auxiliar a los atrapados en el Edificio Rubén Darío. Hasta hacía seis meses, las oficinas de La Sonora habían estado en aquella quinta planta. Después de un traslado apresurado ordenado por don Roberto Castañeda, el propietario, desalojamos el lugar que seguramente hubiera sido nuestra tumba.

    Llegaron a la AFP enviados especiales, editores que revelaban, imprimían, despachaban y empaquetaban los negativos con destino a Francia. Estas son las pocas imágenes que rescaté de aquella catástrofe. (ver galería)

  • Día Internacional del Periodista, el valor de la verdad

    Día Internacional del Periodista, el valor de la verdad

    En el Día Internacional del Periodista, se celebra la trayectoria de los periodistas que han marcado la historia entre 1980 y 2024. Estos profesionales han vivido cambios tecnológicos y políticos que han transformado la manera de informar. El periodismo es crucial para defender la verdad en un mundo donde la información es un bien cada vez más disputado.

    Francisco Campos nos da una galería de fotos del recuerdo rinde homenaje a quienes han dejado huella en la prensa nacional y extranjera. Aunque muchos veteranos de los años 80 no aparecen debido a las limitaciones tecnológicas de la época, su legado sigue vivo en la memoria colectiva.

    «Si usted ejerció el periodismo entre 1980 y 2024, seguramente se encontrará en esta galería de fotos del recuerdo. Es seguro que muchos veteranos periodistas de los años 80 no se encuentren en esta galería, en aquellos años, los periodistas raras ocasiones se tomaban fotos en el lugar de los hechos. Los colegas nacionales o de la prensa extranjera que no se encuentren en esta galería de honor, favor enviar una fotografía para agregarlos. Muchas felicitaciones en el #DíaInternacionaldelPeriodista»

    El periodismo ha pasado de ser una profesión de riesgo a una labor esencial para la democracia. Los reporteros enfrentan nuevos retos como las noticias falsas y la censura digital. Sin embargo, su compromiso con la verdad sigue siendo su mayor fortaleza.

    El reto actual del periodismo

    La lucha por la libertad de expresión sigue siendo un desafío constante para los periodistas en todo el mundo. Aquellos que no aparecen en la galería de honor pueden enviar sus fotos para ser incluidos.

    En este Día Internacional del Periodista, se honra a quienes, con su trabajo, hacen posible una sociedad mejor informada y más justa.

  • Las tres peluqueras del centro

    Las tres peluqueras del centro

    Alma, Mónica y Daysi se dedican al corte de pelo y barba en la Barbería Tom, situada en la esquina de la 8a. Avenida Sur y 4a. Calle Oriente en el Centro de San Salvador. Las tres aprendieron el oficio siendo unas niñas bajo la tutela del propietario José Ángel García, quien asegura que tienen más de 20 años de estar en ese mismo lugar y de haber enseñado el oficio a muchos jóvenes hombres y mujeres.

    Alma Yamileth García Calderón tiene 18 años, y su objetivo es poner su propio negocio de cosmetología. Mónica Elizabeth García Aguillón es hija del propietario, aprendió a cortar cabello a los 12 años, ahora estudia Diseño Gráfico en la UES y también ofrece servicios de peluquería de mascotas a domicilio. La mayor es Daysi Carlota Polanco Clemente de 27 años, madre de dos hijos, y ofrece servicios a domicilio de pedicura, uñas y cortes de pelo.

    Ángel García se muestra orgulloso de haber enseñado a cortar cabello a muchas mujeres mientras relata que a él y a su hermano, cuando eran niños, les gustaban mucho las caricaturas de Tom y Jerry y de allí se originó el nombre de la Barbería Tom. Es una de las pocas en el centro que todavía cobra dos dólares por el corte de cabello y, además, es escuela de corte de cabello donde se enseña a jóvenes las técnicas para corte de cabello y barba para que inicien su propio emprendimiento.

    Este 25 de agosto se celebra el Día Internacional de la Peluquera, una fecha muy importante para conmemorar a las mujeres emprendedoras que cada día realizan más tareas que durante mucho tiempo fueron tareas exclusivas de hombres.

     

error: Gracias por respetar el arte de Francisco Campos