Etiqueta: San Salvador

  • Comunidad LGBTI+ en El Salvador (1980-2026)

    Comunidad LGBTI+ en El Salvador (1980-2026)

    La comunidad LGBTI+ enfrentó detenciones y agresiones sistemáticas por parte de las autoridades de seguridad pública durante la década de 1980 en San Salvador. Las personas trans y los trabajadores sexuales que operaban en el centro de la capital eran objeto de persecución por parte de la Policía Municipal. Los agentes utilizaban vehículos de transporte institucional, conocidos popularmente como la palomita, para trasladar a los detenidos hacia las bartolinas comunales. En estos recintos, los ciudadanos permanecían bajo arresto por periodos de setenta y dos horas y debían abonar una sanción económica para recuperar la libertad.

    Las dinámicas de socialización de este sector se concentraron en el sector de La Praviana, ubicado en la Segunda Avenida Norte, entre la Primera Calle Poniente y la Alameda Juan Pablo II. El perímetro albergaba establecimientos nocturnos como los bares El Faro, La Pravia y Elmer, los cuales funcionaban de forma simultánea con los puntos de reunión de agrupaciones musicales y mariachis. Estos comercios se establecieron como zonas de encuentro para personas del mismo sexo en un contexto urbano marcado por el rechazo social.

    Espacios de participación LGBTI+ en las festividades del municipio de Mejicanos

    El municipio de Mejicanos, ubicado en el sector norte de San Salvador, funcionó como una de las primeras localidades en otorgar apertura de participación pública a este colectivo. Las autoridades locales permitieron la integración de la comunidad en los festejos patronales conmemorados cada 16 de agosto en honor a la Virgen del Tránsito.

    Los integrantes del sector marchaban en estructuras flotantes sobre camiones que recorrían las vías principales de la ciudad. El trayecto requería el despliegue de dispositivos de seguridad vial por parte de las fuerzas policiales para prevenir agresiones físicas del público, debido a que los asistentes arrojaban frutas y objetos contundentes contra los participantes del desfile.

    Evolución histórica del Desfile del Orgullo y movilización social (1997-2025)

    El primer Desfile del Orgullo en la República de El Salvador ocurrió el 28 de junio de 1997 con una asistencia inicial registrada de doscientas personas. Esta movilización se constituyó como el evento reivindicativo de carácter civil más antiguo documentado en el territorio centroamericano.

    Para el año 2025, el nivel de convocatoria de la marcha anual se incrementó de forma progresiva. El desarrollo de la movilización civil se caracterizó por la asistencia autónoma de los ciudadanos pertenecientes a diversos colectivos sociales, sin registrarse mecanismos de movilización inducida, traslados organizados por entidades externas o incentivos materiales de alimentación para los asistentes.

    LGBTI+: Inserción laboral, emprendimiento y panorama actual en 2026

    Los ciudadanos pertenecientes a la diversidad sexual registraron cambios en sus condiciones laborales y de representatividad civil en comparación con los sectores de exclusión de los años ochenta. Los censos y registros comerciales indican la incorporación de este sector en puestos operativos y de atención al cliente en almacenes, tiendas y sucursales de servicios gastronómicos.

    La población LGBTI+ ejerce funciones administrativas, puestos técnicos y cargos de jefatura en instituciones del aparato estatal y en corporaciones del sector privado. Asimismo, se documentó el establecimiento de microempresas individuales, la operación de centros de estética y estética capilar, y la participación activa como productores de materiales audiovisuales en plataformas de difusión digital como YouTube y TikTok. Este sábado se ejecuta el vigésimo octavo Desfile del Orgullo en las arterias de la capital salvadoreña.

  • VIDEO. San Salvador, ciudad profana: cines, bares y oficios perdidos

    VIDEO. San Salvador, ciudad profana: cines, bares y oficios perdidos

    La vida nocturna y el entretenimiento en San Salvador dependían de la actividad de sus salas de proyección situadas en el centro de la ciudad. Inmuebles como el Cine Libertad, posteriormente denominado Mex-Cine, el Cine Central y el Cine Majestic funcionaban como referentes de la arquitectura publicitaria debido a sus fachadas monumentales y rótulos de neón.

    El auge de los complejos multisalas ubicados en centros comerciales periféricos provocó el cierre de estos espacios históricos. Los edificios fueron desmantelados o reconvertidos en locales de comercio formal, lo que causó el retiro de letreros artesanales de hierro y el cese de actividades vinculadas al oficio del rotulista tradicional en la zona urbana.

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    San Salvador: Clausura de centros nocturnos y espacios de diversidad

    Los planes de revitalización ejecutados en los portales del centro capitalino derivaron en la clausura definitiva de diversos establecimientos nocturnos. El Bar El Pulpo operaba como punto de reunión para sectores intelectuales y bohemios, mientras que el sótano conocido como El Hoyo sirvió como espacio de refugio y tolerancia para la comunidad LGBTQ+ durante periodos de estigmatización social.

    La subcultura musical de la posguerra tuvo un punto de concentración en el bar de rock Hades. Asimismo, establecimientos como la barra show Las Vegas y el bar El Congreso, este último vinculado a debates de carácter político, cerraron sus puertas debido a las medidas de ordenamiento. El proceso de reestructuración visual reemplazó estos espacios de interacción espontánea por cafeterías reguladas y dinámicas de uso familiar.

    Desaparición del comercio tradicional familiar y de autor

    El paisaje comercial del peatón en San Salvador integraba elementos escultóricos y diseños tridimensionales propios de negocios familiares tradicionales. Entre estos establecimientos destacaba el Almacén de Bicicletas Iannuzzelli, fundado por inmigrantes de origen italiano, y el Taller de Guitarras Gálvez, dedicado a la lutería artesanal en el sector de las serenatas.

    Otro comercio referente era el Disco Almacén, caracterizado por una estructura publicitaria que consistía en una caja registradora empotrada en el interior de un automóvil clásico de color rojo. El retiro de estas fachadas y la modificación de los interiores arquitectónicos marcaron el fin de los oficios personalizados, siendo sustituidos por el establecimiento de corporaciones homogéneas. Este registro fotográfico, recopilado a lo largo de 45 años, documenta la transición física de la capital salvadoreña.

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  • Demolición y pérdida del patrimonio arquitectónico civil y religioso

    Demolición y pérdida del patrimonio arquitectónico civil y religioso

    La infraestructura arquitectónica del Centro Histórico de San Salvador registró transformaciones definitivas debido a demoliciones planificadas, siniestros y falta de mantenimiento. La demolición del antiguo edificio de la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), ubicado frente a la Plaza Gerardo Barrios, eliminó una estructura del siglo XX para dar paso a la construcción de una edificación tecnológica.

    En el ámbito del patrimonio religioso, los restos de la Iglesia San José, de estilo neoclásico, fueron removidos por completo de su predio; este inmueble funcionaba como ruina tras el incendio que lo destruyó en 1975. Una pérdida similar ocurrió con la Iglesia San Esteban, construida con maderas e hierros importados, la cual quedó destruida por un incendio en el año 2013. Asimismo, el deterioro estructural por abandono derivó en el colapso y posterior demolición de la Casa Rey Prendes.

    Eliminación de murales y expresiones de arte público

    El arte público en fachadas y muros de la capital sufrió alteraciones por decisiones institucionales y planes de reordenamiento urbano. En diciembre de 2011, las autoridades eclesiásticas ordenaron la destrucción total del mural de azulejos cerámicos titulado «La armonía de mi pueblo», una obra diseñada por el artista Fernando Llort que revestía la fachada de la Catedral Metropolitana.

    Durante intervenciones recientes de ordenamiento vial y urbano, diversas expresiones pictóricas en las paredes de la ciudad fueron cubiertas con pintura plana. Esta medida eliminó retratos del poeta Roque Dalton, murales de carácter comunitario dedicados a Monseñor Romero, y consignas pertenecientes a movimientos sociales y culturales.

    Desmantelamiento de monumentos en ejes viales

    Las estructuras escultóricas ubicadas en zonas de tránsito vehicular fueron desmontadas o demolidas en el marco de nuevos proyectos de infraestructura y cambios en las directrices estatales. El Monumento del Bulevar de los Próceres, una obra modernista en relieve que representaba a los próceres de la Independencia, fue desmantelado para dar prioridad a obras de vialidad.

    En la periferia de la ciudad, la estatua de Agustín Farabundo Martí, situada en el Redondel Utila, fue retirada de su espacio en el año 2021. Posteriormente, en enero de 2024, se ejecutó la demolición del Monumento a la Reconciliación, una obra inaugurada en 2017 para conmemorar los Acuerdos de Paz que había sido elaborada con llaves de bronce recolectadas y donadas por la ciudadanía.

  • VIDEO. Espejismos de bronce, cemento y luz: la memoria escrita en los muros del Centro Histórico

    VIDEO. Espejismos de bronce, cemento y luz: la memoria escrita en los muros del Centro Histórico

    El Centro Histórico de San Salvador registró transformaciones estructurales debido a procesos de modernización y ordenamiento urbano. Las modificaciones físicas provocaron la desaparición o el traslado de diversos iconos arquitectónicos y escultóricos que definieron el paisaje de la capital salvadoreña durante décadas.

    El Parque Infantil de Diversiones, originalmente conocido como Campo de Marte, resguarda un obelisco conmemorativo instalado en 1893. Esta estructura perdió su elemento superior, un águila de bronce que conmemoraba las campañas militares del siglo XIX, cuando la tormenta tropical Amanda la derribó en el año 2020. La pieza fue resguardada por las autoridades para una posterior restauración, quedando fuera de la vista pública.

    Alteraciones en parques y plazas emblemáticas del Centro Histórico

    En el Parque Centenario, un espacio construido para conmemorar el primer centenario de la Independencia, la estatua neoclásica conocida como «el niño de la fuente» fue retirada de su ubicación original. El centro del recinto conserva la base geométrica vacía donde operaba la estructura.

    La Plaza Gerardo Barrios también experimentó cambios en sus elementos históricos vinculados a hechos políticos. En este sitio ocurrió el magnicidio del presidente Manuel Enrique Araujo en 1913. La banca original donde se registró el suceso fue desmontada de la plaza pública y trasladada al interior del Palacio Nacional con el objetivo de protegerla de actos de vandalismo.

    Cambios en el entorno de la antigua Facultad de Medicina

    El perímetro de la antigua Facultad de Medicina fue objeto de intervenciones urbanas que modificaron su inventario escultórico. En esta zona se encontraba un busto de José de San Martín, donado por la República de Argentina en la década de 1950 en el contexto de los movimientos universitarios de la época.

    Asimismo, en el mismo sector permanecía una estatua dedicada a San Romero de América orientada hacia la plaza. Ambas piezas fueron removidas de sus bases fijas en el transcurso de las recientes obras de reestructuración urbana ejecutadas en el área.

  • VIDEO. Lucha contra el tabaco: Un desafío persistente

    VIDEO. Lucha contra el tabaco: Un desafío persistente

    En el corazón de San Salvador, el hábito de fumar sigue siendo una realidad cotidiana que desafía los límites de la salud pública. Al recorrer las calles y plazas de la capital, es común observar a personas de todas las edades y géneros envueltas en el humo del cigarrillo o el vapor de los dispositivos electrónicos. Esta alarmante normalización del consumo de tabaco se ve alimentada, además, por un dinámico mercado informal donde los cigarros de contrabando —atractivos por su bajo costo— inundan los puestos callejeros, burlando los controles fiscales y sanitarios, y facilitando el acceso a una adicción silenciosa pero devastadora.

    El tabaco, la ley y la salud

    Frente a este panorama, el marco legal salvadoreño ha intentado poner un freno a través de la Ley para el Control del Tabaco, vigente desde junio de 2011. Esta normativa fue diseñada con el objetivo crucial de proteger la salud de la población mediante la regulación del consumo, la venta, la publicidad y el empaquetado de estos productos. Entre sus puntos más estrictos se encuentra la creación de espacios 100% libres de humo, que prohíben fumar o vapear en centros de trabajo, escuelas, hospitales, restaurantes y transporte público, estableciendo multas severas de hasta diez salarios mínimos para los infractores y los establecimientos que lo permitan.

    Sin embargo, la efectividad de la ley enfrenta una resistencia visible en el comercio del día a día, una paradoja que queda retratada de forma fidedigna en nuestra galería de imágenes. En ella se puede observar el ingenio informal de los vendedores callejeros, quienes recurren a tapar con papel las impactantes fotografías de advertencia sanitaria que por ley deben ocupar el 50% de las cajetillas, intentando así disimular el daño explícito del producto. Las capturas también muestran el contraste entre los ciudadanos que consumen tabaco o vapers en la vía pública y los esfuerzos del gobierno a través de las campañas institucionales de sensibilización coordinadas por entidades como FOSALUD.

    Este recorrido visual cobra una relevancia aún mayor en el marco del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo. Esta efeméride, promulgada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1987, busca concienciar globalmente sobre los efectos letales del tabaquismo y de la exposición pasiva al humo, responsables de graves padecimientos como el cáncer de pulmón, cardiopatías y enfermedades respiratorias crónicas. Para este año 2026, la OMS ha lanzado un llamado contundente bajo el lema: «Desenmascarando el atractivo: combatiendo la adicción a la nicotina y al tabaco», una consigna que encaja perfectamente con la necesidad de desmitificar el consumo en nuestra sociedad.

    Invitamos a nuestros lectores a ver detenidamente la galería de imágenes que acompaña esta nota. Cada fotografía es un reflejo fiel de la dualidad en la que vive San Salvador: por un lado, las normativas y los esfuerzos estatales por erradicar una epidemia sanitaria, y por el otro, la compleja realidad de una adicción que se resiste a desaparecer de los espacios públicos. Mirar estas estampas urbanas es el primer paso para reflexionar sobre el impacto del tabaco en nuestro entorno y la urgencia de construir un futuro más saludable y libre de humo.

  • VIDEO. El gigante mercado Central cumple 51 años

    VIDEO. El gigante mercado Central cumple 51 años

    El Mercado Central cumplió este mes 51 años de funcionamiento. Con sus diez edificios o pabellones que ocupan aproximadamente diez manzanas, está ubicado en el corazón del Centro Histórico de San Salvador. Se estima que alberga unos 10 mil puestos de venta, distribuidos tanto en sus niveles principales como en los sótanos y áreas circundantes.

    La planificación del actual complejo comenzó bajo la administración municipal del ingeniero José Napoleón Duarte (alcalde de San Salvador entre 1964 y 1970). El recinto está delimitado principalmente por la 12.ª Calle Poniente, la Avenida 29 de Agosto y la 9.ª Avenida Sur. Su diseño original fue obra del destacado arquitecto salvadoreño Manuel Roberto Meléndez.

    El complejo principal se inauguró oficialmente el 5 de abril de 1975, por lo que este año celebra sus 51 años de vida institucional como el mercado más grande de la capital. Otros centros comerciales municipales de menor escala son el Mercado Hula-Hula, construido en la administración de Ernesto Muyshondt, y el nuevo Mercado San Miguelito, bajo la actual gestión de Mario Durán.

    Sin embargo, es el Mercado Central el que ofrece la mayor variedad de productos imaginables: carnes, lácteos, flores, granos básicos, ropa, telas y medicamentos; además de la infaltable gastronomía popular como sopas, tortillas, pupusas y antojitos típicos. También cuenta con zonas especializadas donde se distribuyen productos de hojalata (guacales, cacerolas y cántaros), así como artículos esotéricos entre los que destacan velas, inciensos, puros y figuras religiosas.

    En la galería fotográfica que acompaña este texto, se pueden apreciar imágenes históricas, como la de una vendedora de pan y una joven probándose un ajuar de bodas, ambas capturadas en 1988. Al contrastarlas con las fotos actuales, parece que el tiempo no ha pasado; la esencia del comercio sigue intacta y solo los rostros de las vendedoras han madurado con los años.

    El Mercado Central es, sin duda, un mundo aparte. No es solo un lugar para ir de compras, sino un espacio para caminar y conocer la esencia del pueblo salvadoreño y sus costumbres. Las ventas de carbón, las frutas de temporada, las curiosidades de barro y todo tipo de artesanías evocan recuerdos profundos de nuestra identidad. Le invitamos a echar una mirada a esta galería de imágenes y, después, a redescubrir en persona el mercado más grande de El Salvador.

  • VIDEO. Parque Cuscatlán: Lugar de cosas preciosas

    VIDEO. Parque Cuscatlán: Lugar de cosas preciosas

    El domingo 1 de marzo de 2026, el Parque Cuscatlán cumple 87 años de servicio público en San Salvador. El recinto, cuyo nombre de origen náhuat se traduce como «Lugar de cosas preciosas», funciona actualmente como un amortiguador ambiental y social frente al tráfico de la zona metropolitana, tras haber completado un proceso de remodelación integral años atrás.

    Evolución de la infraestructura y conectividad

    Históricamente, el parque se caracterizaba por canchas de tierra y senderos de superficie árida. En la actualidad, la configuración espacial incluye pasarelas aéreas de carácter funcional que conectan la 6.ª-10.ª Calle Poniente con la Alameda Roosevelt. Estas estructuras permiten el tránsito peatonal sobre el dosel forestal, compuesto por una población de más de 900 árboles, entre los que predominan especies nativas como el Conacaste y el Maquilishuat.

    Distribución de microclimas y centros culturales

    El diseño contemporáneo del parque segmenta el terreno en áreas de actividad específica que operan de forma simultánea:

    • El Trébol: Utilizado como centro cultural para la práctica de instrumentos musicales por grupos estudiantiles.
    • Sala Nacional de Exposiciones «Salarrué»: Espacio dedicado a la exhibición de arte contemporáneo dentro del perímetro natural.
    • Áreas Deportivas: Instalaciones de grama sintética y canchas de básquetbol que concentran la actividad física de la población joven.
    • Museo Tin Marín: Ubicado en los límites del parque, mantiene su función educativa enfocada en el sector infantil.

    El Monumento a la Memoria y la Verdad

    En la sección dedicada al registro histórico, se ubica el muro de granito negro del Monumento a la Memoria y la Verdad. Este elemento arquitectónico contiene los nombres grabados de las víctimas del conflicto armado salvadoreño. En 2026, el monumento se mantiene integrado al flujo de visitantes, funcionando como un punto de referencia para el respeto y la observación de la historia nacional.

    Condiciones de operación actual

    El parque ha transitado de un modelo de recreación tradicional de los años 70 y 80 hacia un estándar de espacio público con iluminación LED y sistemas de seguridad. El horario de uso se extiende hasta el cierre de la jornada, permitiendo el aprovechamiento del recinto como refugio térmico ante las temperaturas urbanas de San Salvador.

  • VIDEO. Mara: sombras, miedo, paro y toque de queda

    VIDEO. Mara: sombras, miedo, paro y toque de queda

    El transporte detenido: crónica de los paros impuestos por pandillas en El Salvado

    Las imágenes de esta galería documentan uno de los periodos más restrictivos para la vida cotidiana en El Salvador. Durante varios años, la población civil no solo enfrentó la violencia directa de las pandillas (mara), sino que quedó atrapada en un mecanismo de presión diseñado para doblegar al Estado: paros al transporte público y toques de queda impuestos por estructuras criminales que ejercían control territorial.

    No eran advertencias simbólicas. Eran órdenes que se cumplían bajo amenaza de muerte.

    Cuando se activaban, las ciudades se paralizaban.

    2015: el año en que el transporte se detuvo por la mara

    Entre el 27 y el 30 de julio de 2015 ocurrió el paro más severo registrado en esta serie fotográfica. La facción Revolucionarios del Barrio 18 ordenó la suspensión total del servicio de transporte urbano e interurbano.

    El resultado fue inmediato: más de 142 rutas de buses y microbuses dejaron de circular, principalmente en el Área Metropolitana de San Salvador.

    Durante esos cuatro días la rutina cambió de forma abrupta.

    Las calles amanecieron sin buses. Miles de personas caminaron kilómetros para llegar a sus trabajos o regresar a casa. Otros esperaron transporte improvisado. Camiones militares y patrullas policiales trasladaron pasajeros como medida de emergencia.

    Nueve motoristas fueron asesinados por intentar trabajar.

    Las muertes tenían un propósito concreto: demostrar que el paro era obligatorio.

    El objetivo del paro

    La medida no era espontánea. Buscaba presionar al gobierno de Salvador Sánchez Cerén para abrir canales de negociación, similares a la tregua de 2012, y exigir beneficios penitenciarios para líderes encarcelados.

    El transporte público se convirtió en el punto más vulnerable del sistema: detenerlo implicaba afectar empleo, comercio, educación y movilidad en cuestión de horas.

    El mensaje era simple: si el Estado no cedía, el país se detenía.

    El “toque de queda” cotidiano

    Además de los paros nacionales, existió una forma de control menos visible pero constante: el toque de queda de facto.

    No se publicaba en ningún decreto. Se transmitía por rumores, panfletos o mensajes de WhatsApp. Bastaba con que circulara la advertencia para que la colonia obedeciera.

    Las reglas variaban por territorio, pero el patrón se repetía:

    • Nadie en la calle después de las 6:00 o 7:00 p.m.
    • Tiendas y mercados cerrados antes del anochecer.
    • Luces exteriores apagadas.
    • Vehículos entrando con ventanas abajo y luces frontales apagadas para ser identificados por los “postes”, vigilantes de la pandilla.

    Al caer la tarde, las calles quedaban vacías.

    La movilidad no dependía de la ley, sino del permiso de un grupo armado.

    Antecedentes

    El paro de 2015 no fue un hecho aislado.

    En septiembre de 2010, las pandillas MS-13 y Barrio 18 paralizaron el transporte a nivel nacional como respuesta a la Ley de Proscripción de Pandillas. En ese contexto ocurrió el ataque al microbús en Mejicanos, donde pasajeros fueron quemados dentro de la unidad.

    En agosto de 2011 se registró un paro parcial en el oriente del país, con amenazas concentradas en rutas hacia San Miguel y Usulután.

    Cada episodio repetía la misma lógica: suspensión del servicio, amenazas directas y asesinatos selectivos para imponer obediencia.

    Consecuencias legales

    Tras el paro de julio de 2015, la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia emitió una resolución histórica. En agosto de ese año declaró a las pandillas y a sus redes de financiamiento como grupos terroristas.

    La sentencia estableció que sus acciones no constituían delincuencia común, sino ataques sistemáticos contra los derechos fundamentales de la población y mecanismos de coacción contra el Estado.

    La calificación modificó el marco legal y endureció la persecución penal.

    Registro de una época

    Estas fotografías no buscan dramatizar los hechos. Funcionan como registro.

    Documentan días en los que trabajar implicaba riesgo, caminar era la única opción y subir a un bus podía convertirse en una decisión peligrosa.

    Son evidencia de un periodo en el que la movilidad —algo cotidiano— dependía del control territorial de las pandillas.

    Esa fue la normalidad de esos años.

  • VIDEO: Los Últimos Mosaicos del Centro Histórico

    VIDEO: Los Últimos Mosaicos del Centro Histórico

    El arte del mosaico, aunque milenario en su técnica, encuentra en el corazón de San Salvador sus últimos baluartes de resistencia. No se trata solo de decoración; son los sobrevivientes de una época dorada de la plástica salvadoreña. En un entorno urbano que cambia drásticamente, identificar estas piezas accesibles se vuelve un acto de rescate documental, una pieza documental única que todavía respira entre el concreto y el bullicio de la capital.

    El Inventario de la Resistencia: Del «Chulón» a la Cripta

    En El Salvador, el momento cumbre de este arte ocurrió en los años 60, dejando un rastro que hoy es un testimonio invaluable. La obra de Violeta Bonilla y Claudio Ceballos, el mosaico de «La Revolución» (mejor conocido en el lenguaje popular como “El Chulón”), permanece como el gran referente de piedra volcánica. Junto a él, el «Don Quijote y Sancho Panza» en la ex Casa Presidencial, marca un hito de acceso público que define el paisaje de la zona poniente.

    Mosaicos: Obras que Sobreviven al Olvido y al Traslado

    El mapa de estos últimos mosaicos incluye paradas obligatorias para el ojo curioso:

    • Plaza Morazán y Biblioteca Nacional: Donde Carlos Cañas proyectó su visión modernista.
    • Cripta de Catedral: Un espacio activo donde Jorge Alvarenga ha inmortalizado a los últimos tres arzobispos, demostrando que el oficio no ha muerto.
    • El Rescate de «La Democracia»: Una obra que, tras ser retirada de su torre original por intereses bancarios, fue recuperada e instalada en el Ministerio de Economía.
    • La Fachada de la Ex Asamblea: Un mosaico que parece olvidado por los transeúntes, pero que constituye un registro histórico recuperado de incalculable valor para el patrimonio nacional.

    Valor de Archivo: Esta recopilación es más que un artículo; es el último inventario de una técnica que se desvanece, elevando estas fotografías a la categoría de testimonios invaluables de un San Salvador que aún conserva sus tesoros.

  • VIDEO. Iglesia de Candelaria: El Gigante de Madera

    VIDEO. Iglesia de Candelaria: El Gigante de Madera

    El aire en el Barrio Candelaria huele a incienso mezclado con el hollín del Bulevar Venezuela. Se escucha el crujir de la madera vieja, ese quejido sordo de una estructura que ha bailado con los terremotos y ha salido ilesa, pero que hoy respira con dificultad. Es una atmósfera de fe suspendida en el tiempo, donde el eco de las oraciones se pierde entre láminas oxidadas y la humedad que escala por los muros de un San Salvador que parece olvidar sus cimientos.

    Un Bastión que Desafía la Historia

    Fundada en 1816, la Iglesia Nuestra Señora de Candelaria no es un simple templo de barrio; es un fósil viviente de la arquitectura colonial y pre-independentista. Esta estructura, atribuida al ingenio de Pascacio González, se erige como una pieza documental única de la ingeniería antisísmica del siglo XIX. Mientras el concreto de los alrededores se agrieta, este gigante de madera y lámina troquelada mantiene su estampa neoclásica y neobarroca, recordándonos que hubo un tiempo donde la elegancia y la resistencia caminaban de la mano.

    Del Esplendor al Olvido del Patrimonio

    Desde que fuera declarada Monumento Nacional en julio de 1979, esta joya ha sido un testimonio invaluable de nuestra identidad. Sin embargo, tras la última gran restauración de los años noventa, el inmueble ha quedado a merced del clima. Hoy, la torre de madera —esa que ha visto pasar a bolos, beatas y muchachas de la vida alegre por sus cercanías— se ve asediada por el óxido. Las vigas, que alguna vez fueron el orgullo técnico del país, ahora luchan por sostener barandas descolocadas en un grito silencioso de auxilio.

    La Identidad en Riesgo: El Barrio y su Fe

    En el corazón de uno de los barrios más antiguos de la capital, la comunidad se niega a dejar morir su símbolo. Cada febrero, el fervor por la patrona llena las naves, pero la preocupación es palpable. Este registro histórico recuperado por el lente de Francisco Campos captura precisamente esa dualidad: la majestuosidad de un diseño que sobrevivió al terremoto de 1873 contra la erosión del abandono institucional. Poseer esta imagen no es solo un acto de apreciación estética, es rescatar del olvido la columna vertebral de San Salvador.

error: Gracias por respetar el arte de Francisco Campos