Categoría: Fotohistorias

  • Comunidad LGBTI+ en El Salvador (1980-2026)

    Comunidad LGBTI+ en El Salvador (1980-2026)

    La comunidad LGBTI+ enfrentó detenciones y agresiones sistemáticas por parte de las autoridades de seguridad pública durante la década de 1980 en San Salvador. Las personas trans y los trabajadores sexuales que operaban en el centro de la capital eran objeto de persecución por parte de la Policía Municipal. Los agentes utilizaban vehículos de transporte institucional, conocidos popularmente como la palomita, para trasladar a los detenidos hacia las bartolinas comunales. En estos recintos, los ciudadanos permanecían bajo arresto por periodos de setenta y dos horas y debían abonar una sanción económica para recuperar la libertad.

    Las dinámicas de socialización de este sector se concentraron en el sector de La Praviana, ubicado en la Segunda Avenida Norte, entre la Primera Calle Poniente y la Alameda Juan Pablo II. El perímetro albergaba establecimientos nocturnos como los bares El Faro, La Pravia y Elmer, los cuales funcionaban de forma simultánea con los puntos de reunión de agrupaciones musicales y mariachis. Estos comercios se establecieron como zonas de encuentro para personas del mismo sexo en un contexto urbano marcado por el rechazo social.

    Espacios de participación LGBTI+ en las festividades del municipio de Mejicanos

    El municipio de Mejicanos, ubicado en el sector norte de San Salvador, funcionó como una de las primeras localidades en otorgar apertura de participación pública a este colectivo. Las autoridades locales permitieron la integración de la comunidad en los festejos patronales conmemorados cada 16 de agosto en honor a la Virgen del Tránsito.

    Los integrantes del sector marchaban en estructuras flotantes sobre camiones que recorrían las vías principales de la ciudad. El trayecto requería el despliegue de dispositivos de seguridad vial por parte de las fuerzas policiales para prevenir agresiones físicas del público, debido a que los asistentes arrojaban frutas y objetos contundentes contra los participantes del desfile.

    Evolución histórica del Desfile del Orgullo y movilización social (1997-2025)

    El primer Desfile del Orgullo en la República de El Salvador ocurrió el 28 de junio de 1997 con una asistencia inicial registrada de doscientas personas. Esta movilización se constituyó como el evento reivindicativo de carácter civil más antiguo documentado en el territorio centroamericano.

    Para el año 2025, el nivel de convocatoria de la marcha anual se incrementó de forma progresiva. El desarrollo de la movilización civil se caracterizó por la asistencia autónoma de los ciudadanos pertenecientes a diversos colectivos sociales, sin registrarse mecanismos de movilización inducida, traslados organizados por entidades externas o incentivos materiales de alimentación para los asistentes.

    LGBTI+: Inserción laboral, emprendimiento y panorama actual en 2026

    Los ciudadanos pertenecientes a la diversidad sexual registraron cambios en sus condiciones laborales y de representatividad civil en comparación con los sectores de exclusión de los años ochenta. Los censos y registros comerciales indican la incorporación de este sector en puestos operativos y de atención al cliente en almacenes, tiendas y sucursales de servicios gastronómicos.

    La población LGBTI+ ejerce funciones administrativas, puestos técnicos y cargos de jefatura en instituciones del aparato estatal y en corporaciones del sector privado. Asimismo, se documentó el establecimiento de microempresas individuales, la operación de centros de estética y estética capilar, y la participación activa como productores de materiales audiovisuales en plataformas de difusión digital como YouTube y TikTok. Este sábado se ejecuta el vigésimo octavo Desfile del Orgullo en las arterias de la capital salvadoreña.

  • Demolición y pérdida del patrimonio arquitectónico civil y religioso

    Demolición y pérdida del patrimonio arquitectónico civil y religioso

    La infraestructura arquitectónica del Centro Histórico de San Salvador registró transformaciones definitivas debido a demoliciones planificadas, siniestros y falta de mantenimiento. La demolición del antiguo edificio de la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), ubicado frente a la Plaza Gerardo Barrios, eliminó una estructura del siglo XX para dar paso a la construcción de una edificación tecnológica.

    En el ámbito del patrimonio religioso, los restos de la Iglesia San José, de estilo neoclásico, fueron removidos por completo de su predio; este inmueble funcionaba como ruina tras el incendio que lo destruyó en 1975. Una pérdida similar ocurrió con la Iglesia San Esteban, construida con maderas e hierros importados, la cual quedó destruida por un incendio en el año 2013. Asimismo, el deterioro estructural por abandono derivó en el colapso y posterior demolición de la Casa Rey Prendes.

    Eliminación de murales y expresiones de arte público

    El arte público en fachadas y muros de la capital sufrió alteraciones por decisiones institucionales y planes de reordenamiento urbano. En diciembre de 2011, las autoridades eclesiásticas ordenaron la destrucción total del mural de azulejos cerámicos titulado «La armonía de mi pueblo», una obra diseñada por el artista Fernando Llort que revestía la fachada de la Catedral Metropolitana.

    Durante intervenciones recientes de ordenamiento vial y urbano, diversas expresiones pictóricas en las paredes de la ciudad fueron cubiertas con pintura plana. Esta medida eliminó retratos del poeta Roque Dalton, murales de carácter comunitario dedicados a Monseñor Romero, y consignas pertenecientes a movimientos sociales y culturales.

    Desmantelamiento de monumentos en ejes viales

    Las estructuras escultóricas ubicadas en zonas de tránsito vehicular fueron desmontadas o demolidas en el marco de nuevos proyectos de infraestructura y cambios en las directrices estatales. El Monumento del Bulevar de los Próceres, una obra modernista en relieve que representaba a los próceres de la Independencia, fue desmantelado para dar prioridad a obras de vialidad.

    En la periferia de la ciudad, la estatua de Agustín Farabundo Martí, situada en el Redondel Utila, fue retirada de su espacio en el año 2021. Posteriormente, en enero de 2024, se ejecutó la demolición del Monumento a la Reconciliación, una obra inaugurada en 2017 para conmemorar los Acuerdos de Paz que había sido elaborada con llaves de bronce recolectadas y donadas por la ciudadanía.

  • VIDEO. Lucha contra el tabaco: Un desafío persistente

    VIDEO. Lucha contra el tabaco: Un desafío persistente

    En el corazón de San Salvador, el hábito de fumar sigue siendo una realidad cotidiana que desafía los límites de la salud pública. Al recorrer las calles y plazas de la capital, es común observar a personas de todas las edades y géneros envueltas en el humo del cigarrillo o el vapor de los dispositivos electrónicos. Esta alarmante normalización del consumo de tabaco se ve alimentada, además, por un dinámico mercado informal donde los cigarros de contrabando —atractivos por su bajo costo— inundan los puestos callejeros, burlando los controles fiscales y sanitarios, y facilitando el acceso a una adicción silenciosa pero devastadora.

    El tabaco, la ley y la salud

    Frente a este panorama, el marco legal salvadoreño ha intentado poner un freno a través de la Ley para el Control del Tabaco, vigente desde junio de 2011. Esta normativa fue diseñada con el objetivo crucial de proteger la salud de la población mediante la regulación del consumo, la venta, la publicidad y el empaquetado de estos productos. Entre sus puntos más estrictos se encuentra la creación de espacios 100% libres de humo, que prohíben fumar o vapear en centros de trabajo, escuelas, hospitales, restaurantes y transporte público, estableciendo multas severas de hasta diez salarios mínimos para los infractores y los establecimientos que lo permitan.

    Sin embargo, la efectividad de la ley enfrenta una resistencia visible en el comercio del día a día, una paradoja que queda retratada de forma fidedigna en nuestra galería de imágenes. En ella se puede observar el ingenio informal de los vendedores callejeros, quienes recurren a tapar con papel las impactantes fotografías de advertencia sanitaria que por ley deben ocupar el 50% de las cajetillas, intentando así disimular el daño explícito del producto. Las capturas también muestran el contraste entre los ciudadanos que consumen tabaco o vapers en la vía pública y los esfuerzos del gobierno a través de las campañas institucionales de sensibilización coordinadas por entidades como FOSALUD.

    Este recorrido visual cobra una relevancia aún mayor en el marco del Día Mundial Sin Tabaco, que se conmemora cada 31 de mayo. Esta efeméride, promulgada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1987, busca concienciar globalmente sobre los efectos letales del tabaquismo y de la exposición pasiva al humo, responsables de graves padecimientos como el cáncer de pulmón, cardiopatías y enfermedades respiratorias crónicas. Para este año 2026, la OMS ha lanzado un llamado contundente bajo el lema: «Desenmascarando el atractivo: combatiendo la adicción a la nicotina y al tabaco», una consigna que encaja perfectamente con la necesidad de desmitificar el consumo en nuestra sociedad.

    Invitamos a nuestros lectores a ver detenidamente la galería de imágenes que acompaña esta nota. Cada fotografía es un reflejo fiel de la dualidad en la que vive San Salvador: por un lado, las normativas y los esfuerzos estatales por erradicar una epidemia sanitaria, y por el otro, la compleja realidad de una adicción que se resiste a desaparecer de los espacios públicos. Mirar estas estampas urbanas es el primer paso para reflexionar sobre el impacto del tabaco en nuestro entorno y la urgencia de construir un futuro más saludable y libre de humo.

  • VIDEO. Panchimalco: cruces, flores, palmas y fe

    Cada mes de mayo, el municipio de Panchimalco —uno de los asentamientos más antiguos y con mayor arraigo indígena de El Salvador— se transforma en un escenario vivo de fe y tradición. Entre el 3 de mayo, Día de la Cruz, y el segundo domingo del mes, la localidad celebra también la Fiesta de las Flores y las Palmas, una festividad dedicada a la Virgen María que coincide con el inicio de la época lluviosa.

    Aunque el fervor patronal también se manifiesta en septiembre en honor a la Santa Cruz de Roma, las fiestas de mayo poseen un colorido inigualable. El eje central son las procesiones, donde la imagen de la Virgen avanza rodeada de las famosas palmas de cocotero, tejidas artesanalmente con flores naturales de temporada.

    Un desfile de identidad

    El recorrido es una coreografía de la historia salvadoreña. En las calles convergen los Historiantes, los Chapetones y los pintorescos Viejos de Agosto. Sin embargo, el alma de la procesión son sus habitantes, especialmente las mujeres —conocidas cariñosamente como «Las Panchitas»—, quienes lucen con orgullo sus trajes tradicionales de múltiples colores, manteniendo vivo el legado de sus ancestros.

    La música es el latido de la fiesta. Desde las bandas locales que interpretan sones tradicionales hasta las bandas de paz que acompañan a bailarinas y cachiporristas, el ambiente sonoro envuelve a los fieles en un ritual que mezcla lo sagrado con lo popular.

    El sabor de la Cofradía

    Detrás del esplendor visual se encuentra el arduo trabajo de las cofradías. Estas organizaciones comunitarias son las encargadas no solo de la elaboración de las palmas, sino también de la logística culinaria. La generosidad se traduce en platos típicos que se reparten entre los asistentes: tamales, tortillas y el infaltable arroz aguado con cerdo.

    Para acompañar, la tradición dicta beber chicha, mientras los más pequeños disfrutan de la clásica horchata de morro.

    Una invitación al reencuentro

    Este año, el punto culminante de la Fiesta de las Flores y las Palmas será el domingo 10 de mayo. Es una oportunidad excepcional para realizar turismo interno y redescubrir un rincón de nuestro país donde el tiempo parece detenerse para honrar la belleza de lo cotidiano y lo sagrado.

    Panchimalco también realiza una procesión el 16 octubre de cada año en homenaje a la conización de Monseñor Romero, Panchimalco es un lugar donde se le rinde culto y a donde San Romero tiene un espacio especial en el altas.  

    Panchimalco nos espera con sus puertas abiertas, sus palmas en alto y el orgullo de un pueblo que custodia su memoria histórica en cada pétalo tejido.

  • El ocaso de los guardianes del papel: Los últimos libreros de viejo de San Salvador

    El ocaso de los guardianes del papel: Los últimos libreros de viejo de San Salvador

    En el marco del Día Mundial del Libro, mientras las grandes vitrinas de los centros comerciales en las zonas exclusivas de la capital visten sus mejores galas y ofertas, una realidad más silenciosa y cruda se vive en el corazón de la ciudad. Las librerías de viejo, aquellos refugios de sabiduría accesible, están librando su última batalla contra el olvido y la extinción.

    La mayoría de estos espacios fueron desalojados durante las últimas dos décadas y media; otros no sobrevivieron al embate de la pandemia. Hoy, los viejos libreros del Centro Histórico han ido desapareciendo, dejando apenas una media docena de puestos sobrevivientes en la periferia del microcentro de San Salvador. Con ellos, no solo se van los locales, sino la oportunidad de una «segunda lectura» económica para quienes tienen escasos recursos.

    Libreros: Un inventario de la nostalgia

    A principios de siglo, los alrededores del Parque San José eran un hervidero cultural con una veintena de establecimientos. Destacaban nombres que hoy son ecos en la memoria: “La Casa del Libro”, “El Garage” y “El Barco”. Otros se resistían al sol sobre las aceras de la Avenida Monseñor Romero o la Primera Calle Poniente. Recordamos también a “El Quijote” en la calle Arce y “La Segunda Lectura” sobre la Monseñor Romero.

    Esta galería fotográfica es un homenaje a esos rostros —muchos de ellos ya fallecidos— y a sus templos de papel. Es un recordatorio con cariño y respeto para los hombres y mujeres que hicieron de este emprendimiento una forma de vida, llevando conocimiento y entretenimiento a su fiel clientela.

    Tesoros entre el polvo: Lo que aún se podía encontrar

    En estos puestos, la diversidad no tiene límites. Desde revistas de moda, cocina y costura, hasta chistes y suplementos para todas las edades, las librerías de viejo ofrecen un catálogo que las grandes cadenas suelen ignorar:

    • Joyas de Texto: Libros escolares y especializados a precios humanos. En «El Garage», frente al Parque San José, todavía se puede encontrar el Álgebra de Baldor por 10 dólares o la Aritmética por 15.
    • Lectura Juvenil: Sagas modernas, como las de vampiros que cautivaron a los adolescentes, se cotizan entre los 5 y 8 dólares.
    • Libros Sagrados: Biblias de letra grande, esenciales para muchos adultos mayores, se ofrecen desde los 5 dólares.
    • Grandes Colecciones: Para los coleccionistas, es posible hallar la serie completa del Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte a 8 dólares el ejemplar en el Paseo El Carmen, Santa Tecla.
    • Literatura Universal y Contemporánea: Los best sellers de autores como Dan Brown, Mario Vargas Llosa o John Katzenbach conviven con la maestría de Roberto Bolaño, Juan Carlos Onetti y Manuel Puig a precios módicos.
    • Orgullo Nacional: También hay espacio para lo nuevo. Ediciones de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), como El Principito a $3.50 o clásicos de la literatura salvadoreña desde los 4 dólares.

    Que estas imágenes sirvan no solo para recordar lo que fuimos, sino para valorar a los pocos que aún resisten, manteniendo viva la llama de la lectura en las calles de nuestro San Salvador.

    Nota del autor: Las fotografías presentadas en esta galería rescatan la esencia de estos locales y los retratos de quienes dedicaron su vida a la custodia de los libros usados.

  • VIDEO. El gigante mercado Central cumple 51 años

    VIDEO. El gigante mercado Central cumple 51 años

    El Mercado Central cumplió este mes 51 años de funcionamiento. Con sus diez edificios o pabellones que ocupan aproximadamente diez manzanas, está ubicado en el corazón del Centro Histórico de San Salvador. Se estima que alberga unos 10 mil puestos de venta, distribuidos tanto en sus niveles principales como en los sótanos y áreas circundantes.

    La planificación del actual complejo comenzó bajo la administración municipal del ingeniero José Napoleón Duarte (alcalde de San Salvador entre 1964 y 1970). El recinto está delimitado principalmente por la 12.ª Calle Poniente, la Avenida 29 de Agosto y la 9.ª Avenida Sur. Su diseño original fue obra del destacado arquitecto salvadoreño Manuel Roberto Meléndez.

    El complejo principal se inauguró oficialmente el 5 de abril de 1975, por lo que este año celebra sus 51 años de vida institucional como el mercado más grande de la capital. Otros centros comerciales municipales de menor escala son el Mercado Hula-Hula, construido en la administración de Ernesto Muyshondt, y el nuevo Mercado San Miguelito, bajo la actual gestión de Mario Durán.

    Sin embargo, es el Mercado Central el que ofrece la mayor variedad de productos imaginables: carnes, lácteos, flores, granos básicos, ropa, telas y medicamentos; además de la infaltable gastronomía popular como sopas, tortillas, pupusas y antojitos típicos. También cuenta con zonas especializadas donde se distribuyen productos de hojalata (guacales, cacerolas y cántaros), así como artículos esotéricos entre los que destacan velas, inciensos, puros y figuras religiosas.

    En la galería fotográfica que acompaña este texto, se pueden apreciar imágenes históricas, como la de una vendedora de pan y una joven probándose un ajuar de bodas, ambas capturadas en 1988. Al contrastarlas con las fotos actuales, parece que el tiempo no ha pasado; la esencia del comercio sigue intacta y solo los rostros de las vendedoras han madurado con los años.

    El Mercado Central es, sin duda, un mundo aparte. No es solo un lugar para ir de compras, sino un espacio para caminar y conocer la esencia del pueblo salvadoreño y sus costumbres. Las ventas de carbón, las frutas de temporada, las curiosidades de barro y todo tipo de artesanías evocan recuerdos profundos de nuestra identidad. Le invitamos a echar una mirada a esta galería de imágenes y, después, a redescubrir en persona el mercado más grande de El Salvador.

  • Testimonio de una Realidad Invisibilizada

    Testimonio de una Realidad Invisibilizada

    Esta serie fotográfica constituye un documento histórico de excepcional valor, habiendo sido reconocida y publicada por prestigiosos medios internacionales como La Vanguardia de España, además de referentes nacionales como La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y el digital El Faro. A través de una mirada honesta y sin concesiones, el archivo rescata del olvido las dinámicas del centro histórico de San Salvador en la década de los 90, otorgando protagonismo a los sectores más vulnerables. Más que un retrato de la marginalidad, estas imágenes son un espejo de las contradicciones de la posguerra, donde la supervivencia, el vicio y la humanidad conviven en los mismos rincones que la sociedad a menudo prefiere ignorar.

    RECUERDOS DEL BAJO MUNDO

    El denominado “bajo mundo” del centro de San Salvador y sus alrededores es una colección de fotografías capturadas a finales de la década de los 90. En esta muestra, se rescata la esencia de aquel salvadoreño que, aun en condiciones de extrema precariedad, busca formas de evasión y entretenimiento para alejarse de sus penas y pesares cotidianos.

    La serie documenta los bares y burdeles de la zona del Parque Centenario, con trabajadoras del sexo llamando desde los umbrales de los negocios o lupanares donde se rifaba la compañía de las mujeres entre los clientes más asiduos; costumbres de finales del siglo XX que hoy provocarían escándalo. Las imágenes registran escenas de una realidad sin filtros: mujeres bailando sobre las mesas a plena luz del día, travestis en las entradas de los negocios de la Avenida Independencia y la Quinta Calle Poniente, en la zona de La Praviana, y hombres entrando a «echar un rapidito» en las minúsculas habitaciones de las trabajadoras. Se percibe el ambiente de los «bolitos» tomando una cerveza al ritmo de la «cinquera» o rocola, inundando el lugar con las canciones de Pedro Infante.

    La colección no evade la tragedia del consumo: los «huelepega» sumergidos en el vaho del pegamento con miradas de éxtasis artificial, y los alcohólicos que se agrupan buscando el calor o la amistad que la sociedad les negó. Son imágenes fuertes que muestran un mundo aparte, algo que muchos prefieren esconder como si no estuviera a plena vista. Esta galería revela un mundo paralelo al que observa la «gente normal», recordándonos que los vicios y pecados atraviesan todos los estratos sociales, aunque en otras esferas se disfracen de formas más sofisticadas para ser encubiertos.

    «Esta galería, que ha recorrido páginas de medios internacionales como La Vanguardia de España y nacionales como El Faro, La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy, representa uno de los registros más íntimos y valientes de la realidad subterránea de San Salvador. Son espejos de una época que muchos prefieren no recordar, pero que es fundamental para entender la deuda social del país.»

  • Las estatuas de San Romero de América

    Las estatuas de San Romero de América

    En El Salvador, la memoria de San Óscar Arnulfo Romero no solo habita en los libros de historia o en las oraciones de los fieles; se erige tridimensional y firme en las plazas, redondeles y parroquias de todo el país. Desde su natal Ciudad Barrios, en San Miguel, hasta los puntos más remotos del occidente, las estatuas y bustos del «Santo de América» custodian el paisaje salvadoreño como recordatorios de un legado de paz y justicia.

    Del Martirio a los Altares

    Cada marzo, El Salvador se detiene para conmemorar el aniversario de aquel fatídico 1980. Lo que por décadas fue una herida abierta y una causa de canonización postergada en el Vaticano, encontró su luz con la llegada del Papa Francisco.

    • Un proceso histórico: Tras años de olvido, el proceso se reanudó hasta culminar en la santidad oficial, validando lo que el pueblo ya gritaba en las calles: «¡San Romero, el pueblo ya te hizo santo!».
    • La voz frente al poder: Los monumentos que hoy vemos celebran al hombre humilde que se enfrentó a las estructuras de poder y a los gobiernos militares de los años 70 para denunciar las violaciones a los Derechos Humanos.

    Un Símbolo de Reconciliación

    A pesar de que en los años 80 sectores de extrema derecha intentaron estigmatizarlo como un agitador, el tiempo y la fe han transformado su imagen en un símbolo de unidad para los más desfavorecidos.

    «Si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad».

    Las estatuas que presentamos en esta galería no son solo metal o piedra; son la representación de «La voz de los sin voz», capturando su gesto sereno, su cruz pectoral y su mano extendida hacia el pueblo que nunca lo abandonó.


    Lo que encontrarás en esta galería:

  • SOLAS EN LA PANDEMIA: El olvido de las trabajadoras del sexo

    SOLAS EN LA PANDEMIA: El olvido de las trabajadoras del sexo

    Si un grupo quedó relegado y sin asistencia durante la pandemia de COVID-19, fue, sin duda, el de las trabajadoras del sexo. Este sector, estigmatizado y rechazado por la sociedad en condiciones normales, sufrió en silencio los efectos de la cuarentena: el cierre total de sus fuentes de ingresos y la ausencia de ayuda estatal o de víveres que sí llegaron a otros sectores.

    Durante el confinamiento, las «rejas» de la calle Castillo, la calle Celis y la 18.ª avenida norte —puntos neurálgicos del comercio sexual en San Salvador— permanecieron cerradas. Negocios populares como «La Casa Rosada», «El Calzoncito» o «Las Láminas Verdes» clausuraron sus puertas. Del mismo modo, exclusivas barras show como «Lips», «Luxor», «Pandora», «Tío Sam» y «Galaxy» cesaron operaciones, dejando a miles de mujeres sin sustento económico. Ante el miedo al contagio, muchas de quienes trabajan en las calles se recluyeron, y decenas de salas de belleza que ofrecen servicios sexuales también se autoclausuraron.

    Una luz de solidaridad

    En medio del vacío institucional, solo dos organizaciones alzaron la voz: la Asociación Liquidámbar y el Movimiento de Mujeres Orquídeas del Mar. «Somos mujeres valientes y solidarias; hemos gestionado ayuda para nuestras compañeras», afirmaba una vocera de Orquídeas del Mar. Esta organización logró entregar bolsas de alimentos a cerca de mil mujeres; sin embargo, la cifra es alarmante: en El Salvador se registran 44,972 trabajadoras del sexo, lo que significa que la ayuda apenas alcanzó a cubrir a un pequeño porcentaje.

    Entre el condón, la mascarilla y el estrés

    Al finalizar la cuarentena obligatoria, el retorno fue amargo. «Alexia» (nombre de combate) relata que los clientes se sentían incómodos ante los protocolos de bioseguridad. Ella exigía el uso de condón y mascarilla, limitando los besos y las caricias tradicionales. «Muchos clientes estaban nerviosos o temerosos; el estrés les impedía llegar al ‘final feliz’», comenta.

    El trabajo sexual representa, quizás, el mayor riesgo sanitario: mientras el mundo exigía distanciamiento, este oficio demanda un contacto cuerpo a cuerpo. «Da miedo», confiesa Alexia, «no sabes si estás con un asintomático, y para sacar el día hay que estar con cuatro o cinco hombres diferentes».

    Derechos Humanos: Una deuda pendiente

    Cada 10 de diciembre, las Naciones Unidas celebran el Día Internacional de los Derechos Humanos, enfatizando la erradicación de la discriminación y el impulso a la solidaridad. Mientras no se reconozcan plenamente los derechos de las trabajadoras del sexo y se les garantice protección en tiempos de crisis, el avance en materia de derechos humanos seguirá estando incompleto.

  • VIDEO. Escena del crimen salvadoreña

    VIDEO. Escena del crimen salvadoreña

    La documentación fotográfica de las escenas del crimen en El Salvador entre los años 2010 y 2020 registra una serie de objetos personales y herramientas que permiten reconstruir el perfil de las víctimas y la dinámica de la violencia. Durante esta década, el trabajo periodístico de sucesos se centró en captar elementos periféricos que, en conjunto, forman un expediente visual de la guerra de pandillas y el crimen organizado.

    Indumentaria y perfiles de las víctimas

    El inventario visual de estos sitios incluye calzado y vestimenta técnica o civil. Se han documentado desde zapatos de gala pertenecientes a una agente policial desaparecida y calzado deportivo de estudiantes universitarios, hasta botas de hule utilizadas por trabajadores agrícolas en zonas rurales.

    Otros elementos registrados incluyen piezas de vestuario con carga simbólica o situacional:

    • Un vestido de novia de una mujer asesinada días antes de su enlace matrimonial.
    • El delantal de una comerciante atacada en un sector de mercado.
    • Objetos de carácter religioso, como rosarios localizados junto a cuerpos de miembros de estructuras criminales.

    Herramientas y elementos del entorno

    En el perímetro de los hechos, es común el hallazgo de instrumentos de trabajo pertenecientes a obreros interceptados en la vía pública. Asimismo, la documentación integra la presencia de fauna urbana, como perros callejeros que circulan en el área antes del acordonamiento policial. Las manchas de fluidos hemáticos sobre superficies de asfalto o adoquín constituyen el registro físico del impacto de la violencia en la infraestructura urbana.

    Evidencia balística y métodos de ejecución

    La crónica documental de Francisco Campos detalla la presencia de casquillos de diversos calibres, impactos de proyectil en estructuras fijas y las armas utilizadas en los ataques. Además de armas de fuego, el registro evidencia el uso de objetos contundentes, como piedras o ladrillos, empleados para incrementar el daño físico.

    En casos de abandono de cuerpos en carreteras, se ha documentado el uso de maletas o bolsas plásticas para el traslado de los restos.

    El contexto económico del sepelio

    Un elemento recurrente en las escenas de homicidios en sectores populares es la presencia de recipientes plásticos («cumbos de leche») o cajas de cartón. Estos objetos son colocados por familiares o vecinos inmediatamente después del hecho para recolectar fondos económicos destinados a cubrir los gastos funerarios de la víctima.

    Metodología narrativa en el periodismo de sucesos

    La edición de estas imágenes responde a una técnica informativa que prioriza el detalle sobre la exposición directa de cadáveres o heridas. Este enfoque permite narrar los hechos y antecedentes del crimen a través del contexto material, una práctica común tanto en la prensa de registro como en medios de corte popular.

error: Gracias por respetar el arte de Francisco Campos