Entre 2010 y 2020, El Salvador se convirtió en un escenario de guerra sin bandos oficiales. Durante diez años, la violencia social no fue un fenómeno aislado, sino un sistema de control que penetró cada estrato de la nación.
A través de un registro documental de 50 imágenes, se evidencia que el conflicto no se limitó a los cantones remotos o los mercados populares; la crisis también alcanzó las zonas de mayor plusvalía, como las colonias Escalón y La Mascota. La sangre, en esta década, no reconoció códigos postales.










La ley de la frontera invisible
El paisaje cotidiano quedó fragmentado por la confrontación sistemática entre la Mara Salvatrucha (MS-13) y las facciones de la Pandilla 18. Esta no fue solo una disputa por mercados ilícitos, sino una guerra por la identidad y el dominio absoluto del suelo. Las fotografías revelan cómo cada pasaje, calle o vereda se transformó en una «frontera invisible». Para la población, la vida quedó supeditada a una regla implícita: cruzar hacia un territorio bajo control opuesto era, en muchos casos, una sentencia de muerte.










Simbolismo y métodos de terror
La documentación de este periodo pone énfasis en el uso del terror como mensaje. Las estructuras criminales no solo buscaban eliminar al rival, sino enviar señales explícitas al Estado y a la sociedad civil. Las escenas capturadas en esta crónica registran métodos de ejecución que se volvieron recurrentes en el paisaje salvadoreño: cuerpos abandonados en sábanas o bolsas, personas halladas con ataduras y el uso de violencia extrema mediante desmembramientos.
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ADQUIRIR COPIA FIRMADAEstos hechos ocurrieron en espacios públicos y privados por igual, demostrando que durante esta década ningún punto del territorio salvadoreño estaba fuera del alcance del control criminal.










Las cifras de una posguerra sangrienta
Los datos estadísticos respaldan la crudeza de las imágenes. El año 2015 marcó el punto de quiebre: El Salvador registró una tasa de 103 homicidios por cada 100,000 habitantes, posicionándose como el lugar más peligroso del mundo fuera de una zona de guerra convencional.
El impacto acumulado de esta violencia social de posguerra es, en términos numéricos, más devastador que el conflicto bélico de los años 80. Se estima que este periodo cobró la vida de más de 115,000 personas, superando las 75,000 muertes documentadas durante la guerra civil.










Un ejercicio de memoria histórica
A partir de marzo de 2022, el panorama de control territorial cambió con la implementación del Régimen de Excepción. Sin embargo, este registro documental surge de la necesidad de confrontar el pasado reciente. Más que una exhibición de hechos consumados, estas imágenes constituyen un ejercicio de memoria histórica. Al exponer los rostros y los escenarios que marcaron la identidad nacional durante diez años, se establece un recordatorio de la magnitud de una crisis que no debe ser olvidada, con el fin de que el miedo no vuelva a ser el administrador del territorio.










