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Cada 28 de octubre, El Salvador se viste de fe y color para celebrar a dos figuras veneradas: San Simón el Zelote y San Judas Tadeo. Esta fecha no solo marca el santoral católico, sino que refleja la riqueza cultural y espiritual del país, donde la devoción se entrelaza con tradiciones ancestrales y expresiones populares.


San Judas Tadeo, conocido como el «patrón de las causas perdidas», es uno de los santos más queridos por los cristianos. Su popularidad trasciende fronteras, gracias a los milagros que sus devotos atribuyen a su intercesión. Muchos creen que su cercanía con Jesús —según la tradición, eran primos— le otorga un poder especial para ayudar en situaciones desesperadas. Su imagen incluso ha llegado al cine, consolidando su lugar en la cultura global.


La devoción a San Simón: entre lo sagrado y lo popular


San Simón, también llamado Maximón, Machimón o Monchito, es una figura única. Su origen se remonta a la época colonial y está profundamente ligado a las comunidades indígenas de Guatemala y El Salvador. La leyenda lo describe como un hombre bondadoso que protegía a los pobres, y tras su muerte, fue elevado a santo por sus seguidores. En El Salvador, su culto es vibrante: los fieles le rinden homenaje con velas, ofrendas florales, bailes, música y hasta licor, especialmente en santuarios como Cuyultitán, San Vicente y San Miguelito.


La celebración de ambos santos es un ejemplo vivo de la libertad de cultos que garantiza la Constitución salvadoreña. Mientras San Judas atrae a quienes buscan esperanza, San Simón convoca a multitudes que honran su memoria con alegría y devoción. Un símbolo de esta fe es el templo de San Simón en San Miguelito, cuya construcción —prevista para inaugurarse entre 2025 y 2026— promete ser el más grande y lujoso del país.

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Estas festividades no solo fortalecen la identidad religiosa, sino que también celebran la diversidad cultural de El Salvador. Cada 28 de octubre, las calles se llenan de color, música y gratitud, recordando que la fe puede tomar muchas formas, pero siempre une a las personas.

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