Etiqueta: San Salvador

  • Una foto millonaria de Francisco Campos, 1992

    Una foto millonaria de Francisco Campos, 1992

    El 16 de enero de 1992, el aire en el centro de San Salvador no solo arrastraba el polvo de las construcciones inconclusas, sino un suspiro colectivo contenido por doce años. Había un olor a sudor de pueblo, a pólvora vieja que se disipaba y a una euforia que solo conocen quienes han visto la muerte de cerca. En la Plaza Gerardo Barrios, entre el ruido de las consignas y el aleteo de las palomas, Francisco «Chico» Campos, un hombre que cambió un sueldo seguro por el hambre y la gloria del fotoperiodismo, buscaba el encuadre perfecto mientras el tiempo se le escurría entre los dedos.

    El Milagro del Cuarto Oscuro y el Error que fue Gloria

    La historia de esta «pieza documental única» comenzó con un desastre. Chico Campos, presionado por los cierres de edición de las agencias en Europa, cometió un error humano propio de la fatiga: en la penumbra del cuarto oscuro, metió sus negativos directamente al fijador sin revelarlos primero. Los rollos con la cobertura matutina se desintegraron. Con el cronómetro en contra y el corazón en la garganta, regresó a la plaza a las 11:00 AM para empezar de cero. Lo que parecía una tragedia profesional se convirtió en el preámbulo de un «testimonio invaluable».

    Francisco Campos y El Vuelo de las Palomas de Castilla

    Al volver a la plaza, se encontró con un acto ecuménico. Se subió a la tarima, cerca de unas muchachas vestidas de blanco que danzaban con canastos. Chico notó que su película iba por el cuadro 26. Decidió no cambiar el rollo y esperar el final de la danza. Cuando las mujeres levantaron las manos y las palomas —grises, de castilla, no blancas como reza el mito— emprendieron el vuelo, disparó sus últimos cuadros. Solo uno de ellos capturó el instante preciso. Esa imagen, un «registro histórico recuperado» del caos, se convirtió al día siguiente en la portada de The New York Times y Washington Post.

    La Metáfora de una Catedral en Escombros

    La fuerza de la imagen reside en su crudeza. Detrás de las mujeres, se erige el esqueleto de concreto de la Catedral Metropolitana, sin cúpulas ni adornos, reflejo fiel de un país quebrado que intentaba ponerse de pie. Entre la multitud se mezclaban los combatientes con sus uniformes verde olivo, «muchachas» de barrios humildes y «bolos» que celebraban que ya no habría más fuego cruzado. Aunque el fotógrafo nunca recibió un centavo por las miles de reproducciones políticas de su obra, su disparo inmortalizó el sentimiento de una nación.

    San Salvador, 1992. Dos mujeres liberan palomas frente a una Catedral en ruinas, marcando el fin de la guerra civil. Foto: Francisco Campos.
    San Salvador, 1992. Dos mujeres liberan palomas frente a una Catedral en ruinas, marcando el fin de la guerra civil. Foto: Francisco Campos.

    La historia de la fotografía se puede leer en los siguientes enlaces. 

  • Ritmo y polvo en las pistas del Centro (1950-2024)

    Ritmo y polvo en las pistas del Centro (1950-2024)

    El centro de San Salvador siempre ha olido a una mezcla de café caliente, combustible quemado y ese perfume barato que se evapora con el sudor de la jornada. En las noches de San Salvador, el eco de una trompeta era capaz de silenciar el estruendo de los buses. Desde los salones de alcurnia venidos a menos hasta los ladrillos calientes de la Plaza Libertad, el baile no ha sido un lujo, sino un rito de sobrevivencia para el salvadoreño que, entre cumbia y trago, sacude las penas del cuerpo.

    De la Elegancia de La Concordia al Sudor de «Los Meseros»

    La historia del ritmo en la capital tiene sus cimientos en la Cuesta del Palo Verde. El edificio de La Concordia, esa joya de principios del siglo XX que aún desafía al tiempo en la 4.ª Avenida Norte, fue el epicentro donde los abuelos lustraban el piso con elegancia. Pero el pueblo también buscaba lo crudo: tugurios y salones como «La Discoteca Buenos Aires», el mítico «Sancocho» y «Los Meseros» se llenaban de obreros, muchachas de la vida alegre y bolos que, a pesar del guaro, nunca perdían el paso. Era un San Salvador de luz tenue en el Bar Lutecia y billares en La Dalia, donde la música era el único lenguaje democrático.

    El Asalto a las Plazas del Centro: Del San José a la Libertad

    Con el nuevo milenio, el baile rompió las paredes. En 2011, tras el desalojo de los puestos de tortas en el Parque San José, la Orquesta Metropolitana tomó el relevo, poniendo a bailar a los viejitos que se resistían al olvido. Sin embargo, fue en la Plaza Libertad donde el fenómeno estalló. Para 2020, el lugar se convirtió en un «testimonio invaluable» de la cultura popular urbana. Tres o cuatro orquestas se batían a duelo de cumbias y tangos, mientras una marea de gente de todas las edades convertía el cemento en una pista de colección.

    El Museo Digital de los «Hermanos Lejanos»

    Lo que inició como una reunión de barrio terminó en el satélite. Los bailes se transformaron en un «registro histórico recuperado» por los móviles de los youtubers. Hoy, la nostalgia de los salvadoreños en Estados Unidos financia la fiesta; envían dólares y flores a sus bailarines favoritos a cambio de un saludo que cruza la frontera. Aunque las ordenanzas municipales han silenciado las plazas, el espíritu del «cumbión» persiste como una «pieza documental única» de nuestra identidad, grabada en la memoria de quienes aún buscan un rincón para tirar el paso.

    Valor de Archivo:

    Esta crónica rescata la memoria sonora de una capital que se niega a dejar de moverse. Las imágenes de estos bailes representan el alma indomable de un pueblo que encuentra en la danza su mayor acto de libertad.

  • UN TERREMOTO, LA PRUEBA DE FUEGO

    UN TERREMOTO, LA PRUEBA DE FUEGO

    Coloqué la maleta sobre un escritorio cuando se escuchó la explosión seguida de un retumbo y la tierra comenzó a bailar. Por instinto, tomé la maleta de nuevo. En un primer momento, pensé que nos habían puesto una bomba; los atentados estaban a la orden del día en aquellos años. Abrí la puerta de acero de unos 10 centímetros de grosor (por lo de los atentados) y salí a la calle.

    Eran las 11:50 de la mañana y un fuerte terremoto de 7.5 grados había sacudido San Salvador. Estaba afuera de La Radio Sonora en La Colonia Médica, a donde trabajaba como reportero. También era fotógrafo de El Diario El Mundo y, desde el 1 de octubre, era el fotógrafo asistente de la Agencia Francesa de Prensa (AFP).

    SAN ESTEBAN, LOS RECUERDOS DE UN TEMPLO PERDIDO

    Monté mi moto Vespa de 90 cc y comencé a hacer una gira por la ciudad devastada por el sismo. Llegué al centro de la ciudad y me encontré frente a los restos del Edificio Rubén Darío; las cinco plantas solo eran un montón de escombros, cascotes, humo, polvo y hierros retorcidos. Se escuchaban los gritos de auxilio y el ulular de las sirenas por todas partes. Subí a lo alto de lo que alguna vez fue la quinta planta y vi a los atrapados. Tomé un par de fotos, les prometí buscar ayuda y regresé sobre mis pasos para buscar otras imágenes de la catástrofe. Había muertos y heridos por todos lados. En San Jacinto, solo en la escuela Santa Catalina, había 42 niñas muertas, sepultadas por las paredes de bahareque a la hora en que esperaban a sus padres para regresar a casa. Muchas viviendas de La Colonia Santa Marta quedaron sepultadas en cuestión de segundos.

    A media tarde, me encontré con Iván Montesinos, el corresponsal de la AFP en El Salvador. Le entregué unos rollos y él se dirigió al Aeropuerto Internacional El Salvador, donde convenció a los de TACA-Rapidito para que le llevaran una docena de rollos a la oficina de Honduras con claras indicaciones de revelar y transmitir a la central de la AFP. Eso nos dio la oportunidad de ir con más de 24 horas de adelanto de las otras agencias mundiales radicadas en El Salvador, AP y REUTER, cuyos fotógrafos se debatían entre entrar a trabajar o no al Hotel Camino Real, además de que no había electricidad ni agua para los revelados. Los corresponsales, entre ellos Montesinos, viajaron a Guatemala al día siguiente para transmitir fotografías.

    Aquel terremoto fue mi prueba de fuego en la AFP. Pasamos muchos días reportando y transmitiendo fotos de las historias después de la catástrefe, historias humanas que contaban la tragedia de un pueblo que, además, sufría los efectos de un conflicto armado que ya llevaba seis largos años con miles de muertos y desaparecidos. El terremoto destruyó la capital y sus alrededores. “La cifra de muertos fue de 3500 y 200.000 damnificados y 20 000 heridos, según el historiador Thomas Anderson, en su libro Politics of Central America, 1988. También hubo muchos edificios destruidos y 288 679 casas totalmente destruidas y 108 226 casas resultaron dañadas; el terremoto destruyó el 80% de la ciudad”.  

    En medio de todo el trabajo fotográfico, busqué a Los Comandos de Salvamento para que fueran a auxiliar a los atrapados en el Edificio Rubén Darío. Hasta hacía seis meses, las oficinas de La Sonora habían estado en aquella quinta planta. Después de un traslado apresurado ordenado por don Roberto Castañeda, el propietario, desalojamos el lugar que seguramente hubiera sido nuestra tumba.

    Llegaron a la AFP enviados especiales, editores que revelaban, imprimían, despachaban y empaquetaban los negativos con destino a Francia. Estas son las pocas imágenes que rescaté de aquella catástrofe. (ver galería)

  • Las tres peluqueras del centro

    Las tres peluqueras del centro

    Alma, Mónica y Daysi se dedican al corte de pelo y barba en la Barbería Tom, situada en la esquina de la 8a. Avenida Sur y 4a. Calle Oriente en el Centro de San Salvador. Las tres aprendieron el oficio siendo unas niñas bajo la tutela del propietario José Ángel García, quien asegura que tienen más de 20 años de estar en ese mismo lugar y de haber enseñado el oficio a muchos jóvenes hombres y mujeres.

    Alma Yamileth García Calderón tiene 18 años, y su objetivo es poner su propio negocio de cosmetología. Mónica Elizabeth García Aguillón es hija del propietario, aprendió a cortar cabello a los 12 años, ahora estudia Diseño Gráfico en la UES y también ofrece servicios de peluquería de mascotas a domicilio. La mayor es Daysi Carlota Polanco Clemente de 27 años, madre de dos hijos, y ofrece servicios a domicilio de pedicura, uñas y cortes de pelo.

    Ángel García se muestra orgulloso de haber enseñado a cortar cabello a muchas mujeres mientras relata que a él y a su hermano, cuando eran niños, les gustaban mucho las caricaturas de Tom y Jerry y de allí se originó el nombre de la Barbería Tom. Es una de las pocas en el centro que todavía cobra dos dólares por el corte de cabello y, además, es escuela de corte de cabello donde se enseña a jóvenes las técnicas para corte de cabello y barba para que inicien su propio emprendimiento.

    Este 25 de agosto se celebra el Día Internacional de la Peluquera, una fecha muy importante para conmemorar a las mujeres emprendedoras que cada día realizan más tareas que durante mucho tiempo fueron tareas exclusivas de hombres.

     

  • El Viejo: El último emperador de las plazas del Centro Histórico

    El Viejo: El último emperador de las plazas del Centro Histórico

    Un paseo sin fin entre el asfalto caliente y la sombra de los próceres.

    El aire en el Centro Histórico de San Salvador huele a café de bolsa, a hollín de bus y a la humedad milenaria de las piedras de la Plaza Libertad. En medio del caos de las ventas y el bullicio de los predicadores, una mancha de pelo hirsuto y costillas marcadas se desplaza con la dignidad de un veterano de mil batallas. Es «El Viejo», el chucho que no tiene dueño porque el centro entero es su casa. No pide permiso para cruzar la calle; los buses frenan ante su paso pausado, reconociendo en su mirada triste la sabiduría de quien ha visto pasar la historia desde el suelo.

    “Era callejero por derecho propio; su filosofía de la libertad”, este verso de la canción “Callejero” de Alberto Cortez quizá defina el comportamiento y forma de vida de El Viejo, como llaman varios vendedores a este perro color canela despintada que se pasea por el Centro Histórico de San Salvador como si fuera su casa.

    El Ciclo de un Vagabundo Ilustre

    Su vida es una coreografía de supervivencia: de la Libertad a la Barrios, pasando por la Morazán hasta el Parque San José. En su trayecto, «El Viejo» esquiva la muerte en cada llanta y se rebusca la vida entre bolsas de basura, compitiendo con otros de su especie sin perder nunca la compostura. A diferencia de las jaurías bravas, él es un alma pacífica; un habitante asiduo que, aunque raras veces pelea por una hembra en celo, jamás ha mostrado los colmillos a los humanos que pueblan su reino.

    En 2016 se le veía vigoroso, un galán de calle que perseguía a las perras con brío. Hoy, la vejez le pesa en las patas y el cansancio le nubla los ojos. Nadie recuerda su origen, ni los vendedores de minutas ni los bolos que duermen en los portales; solo saben que un día llegó para quedarse y se convirtió en parte indivisible del paisaje capitalino.

    Un Testimonio Invaluable de la Vida Urbana

    Esta serie fotográfica es un registro histórico recuperado que eleva la figura del perro callejero a la categoría de símbolo patrio. La lente de Francisco Campos logra capturar esa soledad acompañada que define al Centro. Es una pieza documental única que nos recuerda que la ciudad no solo pertenece a quienes la construyen, sino a quienes la caminan con las patas desnudas.

    Adquirir una de estas copias de colección es rescatar un fragmento de la ternura cruda de El Salvador; es poseer un testimonio invaluable de un ser que, como dice el verso de Cortez, se bebió de golpe todas las estrellas antes de quedarse dormido para siempre en el corazón de la capital.

    Por eso este texto termina con otro verso de la canción de Cortez:

    “Era el callejero de las cosas bellas
    y se fue con ellas cuando se marchó
    se bebió de golpe todas las estrellas
    se quedó dormido y ya no despertó”.

error: Gracias por respetar el arte de Francisco Campos