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Cinema Paradiso El Salvador

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A mediados del siglo pasado había cerca de medio centenar de salas de cines en San Salvador, los cuales se caracterizaron por tener nombres de dioses, personajes de obras famosas o de productoras de películas: Apolo, Fausto y Universal. Otros eran más populares, Izalco y Paseo, o hacían referencia a grandes escritores, Darío; y sobresalían los gigantescos y majestuosos, Libertad, o los de nombres de capitales extranjeras, México y París.

En ellos las producciones sobre Tarzán cautivaron a la audiencia nacional. Era la década de los 70 y podía escucharse a un millar de gargantas gritando “¡Aaaaah-ah-ah-ah-aaaah-ah-ah-ah-aaaah!”, tal como lo hacía el héroe al tiempo que los sorprendía una manada de elefantes en la pantalla que atendía el llamado del musculoso para enfrentar a los invasores de la selva. El Santo, el Enmascarado de Plata, luchaba contra monstruos y vampiros; Pedro Infante embelesaba a bellas mujeres; Cantinflas hacía que el auditorio rompiera en carcajadas con sus trabalenguas, y Las ficheras, que si bien no mostraban sexo explícito y derrochaban erotismo con sus besos y abrazos apasionados.

En los años 70, la gran pantalla cautivó a miles de salvadoreños con actores de artes marciales, como Wang Yu, que estelarizó El Espadachín Manco (1971), e indudablemente, Bruce Lee. Las matinés dominicales parecían fiestas o tianguis. Los niños y adolescentes intercambiaban pasquines (historietas) sobre personajes de películas (El Santo, Kalimán, Memín Pinguín y otros), además de estampas o tarjetas de álbumes de moda sobre equipos de fútbol.

Estos espacios se llegaron a ser una oportunidad para que los muchachos intentaran conseguir novia, pero otros eran acechados en los baños por homosexuales que les ofrecían servicios gratuitos o pagados. Este aspecto en particular, obligaba a muchos a soportar la necesidad de orinar para evitar la vergüenza de ser abucheados y señalados de buscar un encuentro de ese tipo.

Para los amantes del terror, las producciones como Drácula (1958) y Frankenstein (1958) eran las que más audiencia atraían. Para impactar más en su psique, las programaban en horarios nocturnos.

En esa misma época estuvieron de moda las comedias del italiano Lando Buzzanca y las del mexicano Mauricio Garcés, pues eran picarescas aunque no caían en la pornografía; de las que sí lo eran, sobresalió la serie Emmanuelle (1974), la cual provocaba a los adolescentes a intentar colarse para tener su primer acercamiento con el sexo opuesto, al menos en la gran pantalla; sin embargo, era pornografía blanda.

En los cines con mayor capacidad de butacas, hasta mil personas sentadas, los fines de semana se convertían en fiestas Así ocurrió cuando se estrenó La ley del monte (1976) y La mochila azul (1979). Era tanta su popularidad que en las cuadras adyacentes las filas de ingreso eran larguísimas.

Hubo producciones que modificaron los gustos de la audiencia, por ejemplo: El Padrino (1972), El Golpe (1973), Serpico (1973), Papillon (1973), Terremoto (1974), Todos los hombres del presidente (1976), Fiebre de sábado por la noche (1977) y Superman (1978).

Pero los filmes que marcaron una época llegaron una década más tarde, en especial las de ciencia ficción y las visionarias, como Volver al Futuro (1985). Esta sirvió para hacer ver que a través de la memoria se puede volver al pasado y que casi todo está estrechamente vinculado a la tecnología, además de que produce cambios en la sociedad.

En la actualidad, la tecnología ha transformado los hábitos de consumo de las personas a tal grado que ir al cine puede considerarse como una actividad de culto ya que es posible ver, sino uno, todos los títulos antes mencionados desde la comodidad de la casa.